Florecer de la depresión postparto

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Marzo, uno de los meses más alegres del año. Con él recibimos a la primavera que nos llena de flores y alegría.  Y es con esto que me inspiré para el blog de este mes. Florecer de la depresión postparto, o ¿podría ser “Florecer EN la depresión postparto”?

Florecer se compone del sustantivo flor y del sufijo ecer que viene del latin escĕre, que indica un cambio de estado o transformación.  Y esto último, para mi, es lo más importante. La transformación.

Como seres humanos, pero en especial como mujeres, yo creo que durante toda nuestra vida constantemente estamos floreciendo/cambiando. En diferentes etapas, épocas, situaciones, tiempos, nos encontramos con el momento de volver a florecer y crecer como mujeres renovadas. Y la maternidad sin duda alguna no es la excepción, de hecho creo que es una de las etapas personales más significativas de quienes decidimos ser mamás. Me encanta pensar en el proceso que involucra la floración de una planta. Cómo la vida nace en lo profundo y oscuro. Así, en lo profundo y oscuro creció la vida de tu bebé. Tu vientre fue su vasija y hogar. Con nutrientes, cuidado y amor fue transformándose y floreciendo en un bebé y para el/ella esta fue su primer transformación, una de tantas que atravesará en su vida. Bueno, pues así igual que la flor y que tu bebé, al momento de convertirnos en mamás empieza nuestro proceso de florecimiento. Para algunas es más llevadero y ligero que para otras. Para quien, como yo, vive o vivió depresión postparto será quizás más fácil conectarse con este texto pero sin duda alguna todas pasamos por una etapa de cambio personal.

Sería bueno aclarar cuándo lo que sentimos puede ya considerarse depresión postparto pues existe un periodo después de dar a luz -llamado baby blues– que la gran gran graaaan mayoría de mamás vivimos. Ambas son alteraciones del estado de ánimo pero tienen diferenciadores muy importantes que definen el tipo de atención que requieren. El baby blues también se conoce como tristeza postparto y aparece generalmente durante la primera semana después del parto y a pesar de que es mucho más frecuente que la depresión postparto, su duración es de sólo un par de días o máximo un par de semanas. Sus síntomas son menos intensos y no suponen peligro ni a la vida de la madre ni a la vida del bebé, algunos de éstos síntomas son tristeza, llanto, irritabilidad, angustia y repentinos cambios de humor. Todo esto se presenta debido a que el embarazo y el postparto son dos etapas muy hormonales para nosotras. Primero, durante el embarazo nuestras hormonas suben y en el postparto buscan llegar de nuevo al equilibrio y esto tiene un efecto emocional.

Por su parte, la depresión postparto tiene como características principales que puede iniciar en cualquier momento del primer año postparto y puede durar semanas, meses o años. Sus síntomas son más intensos, profundos e incontrolables y pueden llegar a representar peligro para la vida de mamá y/o bebé. Interfiere en las tareas diarias de la madre e incluso puede incapacitarla para realizar algunas de ellas. Algunos de sus síntomas son tristeza profunda, ansiedad, cansancio extremo, pérdida de apetito, desesperanza, alteraciones del sueño, irritabilidad, falta de concentración, sentimientos de culpabilidad, pensamientos dañinos o agresivos hacia su bebé, retraimiento, incapacidad para disfrutar, etc. Cada cuerpo es un mundo y puede presentar variaciones de síntomas.

Te quiero platicar mi historia y porqué para mí atravesar por la depresión postparto fue un proceso de florecimiento.
Creo que en mi caso la depresión que sentí, además del tema hormonal después del embarazo, se intensificó por los cambios tan abruptos en el ritmo de mi vida. Quizá así sea para muchas o para todas quienes viven ésta depresión, no he tenido la oportunidad de platicar con muchas mamás que lo hayan vivido pero en mi caso sentí muy intenso el antes y después de ser mamá. Antes de ser mamá, llevaba una vida bastante tranquila y confortable. Mi tiempo, energía, ingresos eran todos para mí y lo que yo decidía hacer con ellos. Disfrutaba muchísimo las platicas con mis amigas, salir a caminar, comprarme zapatos, leer, DORMIR! jaja! lo escribo así porque ahora poder tomar una siesta es un tesoro jajaja! En fin, en pocas palabras – y muchas se identificarán conmigo- mi vida era mucho más tranquila.
Cuando nació mi hijo, mi vida dio un giro total. De tener una completa disposición de mi libertad, pasé a una completa entrega hacia alguien más. Mi tiempo, energía, ingresos y más se enfocaron al máximo en un nuevo ser. De un día para otro mis rutinas cambiaron, mis tiempos se fueron, mi descanso se anuló y mis responsabilidades y pendientes crecieron. Llegué a sentir mucha soledad pues era la primera de mis amigas en ser mamá y no estaban en el mismo canal, llegué a no sentir ganas ni fuerza para levantarme. Irónicamente, ser mamá era la misma razón por la que sí me levantaba a cumplir mi papel de mamá. Pasé meses sin saber qué era lo que me pasaba y por qué me sentía tan triste. Lo que sí recuerdo es que siempre me mantuve firme en querer estar mejor.

 Lo veo así: Para logar hacer florecer a una semilla debemos de ponerla en lo profundo y oscuro de la tierra de una vasija. Ahí es el lugar que recibe la semilla para iniciar su proceso de crecimiento. Uno de los cuidados que debemos darle es la luz del sol pues ésta contiene nutrientes para fortalecerla y que crezca hasta transformarse en una flor. Así mismo, nosotras al convertirnos en mamás tomamos el papel de esa semilla que es puesta en lo profundo y oscuro para poder renacer. Y así como la luz del sol ayuda a la semilla a crecer, a nosotras como mujeres es nuestra consciencia la que nos ayuda a atravesar este proceso para RE-nacer como mujeres más fuertes, capaces y sabias pues la maternidad es una lección que conlleva muchísimos aprendizajes personales para nosotras. Desde aprender tolerancia y paciencia, ser testigos de nuestro incansable interés por dar lo mejor a otra personita hasta sentir la expansión de nuestra capacidad de amar. Ser consciente, en este caso, supone el identificar que estamos viviendo esta etapa. Al hacerlo, tenemos más del 50% del camino recorrido pues es sólo cuando sabemos lo que nos está pasando y por qué nos está pasando que tenemos una mayor y mejor fuerza para superarlo. Ojo, no estoy diciendo que no se requiera en algunos casos atención médica pues la salud mental es vital y como mencioné al inicio de este post, cada cuerpo es un mundo y puede presentar variaciones en los síntomas e intensidad de ellos. Así que una vez que asumamos con valor la posición de esa semilla, hay que buscar el camino indicado para florecer. Para muchas es mantenerse cerca de sus amigas, dedicarse tiempo para descansar o hacer lo que les apasiona, otras encuentran apoyo en libros o grupos de autoayuda, la espiritualidad, terapia psicológica, medicamentos antidepresivos… y un gran etcétera. Lo importante es siempre buscar seguir floreciendo.   Abrazos, Amanda.

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