¿De qué hablamos las mujeres?

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Empezaremos a hablar de las netas… ¿están de acuerdo? Comencemos a hablar de esa mujer de carne y hueso, que nace, vive, sufre y muere… la que come y bebe y juega y duerme y quiere… la mujer que se ve y a quién se oye… la mujer que sale a la calle… que trabaja… que se queda en casa… que compra para la familia… que ahorra el dinerito… que cuida la ropa y los afectos con ternura, con pasión… que lleva a los niños a la escuela y hace la tarea… la que apoya al marido… la que vive las infidelidades… LA QUE SE LEVANTA EN LA MAÑANA Y VUELVE A EMPEZAR…

Pues, tenemos que decir que las mujeres platicamos de una manera diferente a la que lo hacen los hombres. Ellos hablan de política (tan de moda), de deportes, del trabajo, de los éxitos profesionales, de los ligues… no hablan de su mundo interno, ni de sus emociones… y tal vez pocos hablarán de los problemas que tienen con su “vieja” … o de las broncas con los hijos… chiquitos o adolescentes… Ellos hablan de sus logros, sus éxitos y sus conquistas… Se pavonean… Se reafirman… Nosotras en cambio tejemos relaciones con nuestras palabras… preguntamos por lo que les pasa, sienten, hacen las amigas y comentamos lo mismo, nuestro sentir, nuestro, hacer y nuestro pensar… Hablamos del marido, de los hijos, de los padres, de otras amigas… vivimos y sentimos sus logros, sus problemas… Nosotras compartimos el mejor salón de belleza, la dieta exitosa, la terapeuta, masajista, tarotista, maestra que nos ha servido… compartimos las broncas de los hijos, padres, hermanos, amigas… damos soluciones a las disputas que tienen las otras mujeres a partir de nuestras experiencias… somos multiplicadoras de nuestros éxitos a nivel relacional… hablamos de nuestros fracasos y miedos … mucho menos más que de nuestros éxitos… Si una amiga está triste o preocupada… lo compartimos con ella y la acompañamos a solucionar la bronca… nos conduele… nos involucramos (a eso se le llama sororidad). A nivel del lenguaje… hablamos de cosas muy diferentes… por eso… los hombres dicen que nuestras pláticas son “chismes” … y no lo son… son relaciones… son afectos… es compañerismo… es tejer relaciones, construir vínculos o como se llaman ahora… redes de apoyo…

Y ante la pregunta… ¿cómo empieza esto?

Es importante decir que empieza desde que somos chiquitas y nos “educan-construyen” para ser mujeres en nuestra sociedad. ¿Cómo se construye el ser mujer? Desde el conocimiento que se puede encontrar en los libros, sabemos que cuando cobramos conciencia sobre la forma de definirnos lo hacemos en contraposición con el hombre; las características que consideramos “femeninas” son adquiridas a través de un proceso social, familiar e individual, en vez de ser adquirido biológicamente por “haber nacido mujer”. Simone de Beauvoir (1981) dice de una manera categórica: “una no nace mujer, llega una a serlo” … cada familia y cada cultura estampa en nosotras su sello … en un proceso que se llama “enculturación”.

Para las mujeres con las que he trabajado afirman “ser mujer es estar en el mundo de una manera diferente”, no separado de su cuerpo “como la madre tierra” y por supuesto… no puede estar separado de su capacidad de ser mamá, ni de la mirada social, “una sociedad que se recarga en la mujer y no le importa el sufrimiento”. Las emociones se viven de una manera diferente: “hay que vivir, la propia vida te va empujando…” Lo que estas mujeres están hablando se ha teorizado de dos maneras, una se llama se llama “la trampa del sacrificio” … desde donde “la esposa es percibida y se percibe a sí misma como alguien que debe sacrificar su propio desarrollo al de su esposo e hijos”. Y la otra se llama “ser-para-los-otros”. Sin querer ser demasiado teórica, piensen en sus abuelas y Este es un trabajo hecho con metodología cualitativa tomando los textos originales de las entrevistas con mujeres. Quién esto escribe se dio a la tarea de hacer un escrito coherente y ameno. 

 Muchas todavía en sus mamás, que no construyeron una vida propia, que vivían según el refrán de “atrás de un gran hombre hay una gran mujer” o el otro que decía: “el hombre de la puerta de la casa para afuera y la mujer de la puerta de la casa para adentro”. Las mujeres han sido las encargadas del cuidado de la casa, hijos, enfermos, etc., ello implicó la postergación de sí mismas en favor del otro. Las mujeres entrevistadas lo describen así: “te cierran… te apartan… te sacan de la vida” “es porque soy niña, es que no tengo remedio” “no tenía nada… ni juguetes que eligiera… tenía que jugar a la comidita o a los bebés… sólo responsabilidades por ser mujer…”

Agregan también que existe una posibilidad de rescate:  … “sentirte, quererte como mujer… va en etapas… llegué a odiarme por ser mujer… tienes que aprender a apreciarte y aceptarte… tienes senos, menstruación y sentirte feliz cuando das a luz… al mismo tiempo tienes que luchar para que te acepten… finalmente tienes que querer a las hijas porque son mujeres y enseñarles a quererse”.

Tenemos que decir que aprendemos a ser mujeres y madres, en la relación con la misma madre o con las otras mujeres que hacen esa función…  “es el rol que ves de tu mamá” “no sé dónde aprendí… no creo que me hayan platicado mucho, ni enseñado mucho… se veía y ya…”

Por un lado, hay mujeres que transmiten una sensación de ser valiosas y fuertes … como, por ejemplo: “me han transmitido una fuerza… como mujer tengo un papel central… como una columna” y “yo me viví como algo valioso… con una sensación de ser la verdolaga en la huerta del indio…”. Entonces ¿en qué se basa esa sensación de ser valiosa … a los ojos de quién? yo creo que ese ser valiosa se transmite en la mirada de la madre, cuando la madre se acepta y se goza como mujer y del padre que se vive como varón aceptante de la feminidad de su esposa y de su hija … y que posteriormente coincide con la tuya propia …y te presentas a la vida desde una postura menos desprotegida … mejor equipada… orgullosa de ser mujer … Mientras otras: “la enseñanza es ser sumisa: tolerar muchas cosas … es ser prudente … callarse la boca … no pelear … no discutir … ser tolerante … tener paciencia … aunque te lleve la fregada”, “… estaba condicionada a seguir la voluntad de los demás” … 

Yo quiero preguntar: ¿cómo te enseñaron a ser y hacer? ¿Cómo es/era la relación con tu mamá, con tu abuela? ¿cómo le vas a enseñar a ser a tus hijas e hijos? 

Poner palabras a lo que hablamos las mujeres y tratar de entenderlo desde los nuevos estudios de género da para mucho más… Por ejemplo, tendríamos que seguir hablando de: la relación con la madre y nuestra propia maternidad, la relación con el padre, el esposo, los hijos varones, las chicas que deciden no casarse ni vivir en pareja, las diferentes formas de compromiso y de intimidad, las diferentes formas de maternidad, la crianza, los hijos en edad escolar y los adolescentes y por supuesto, los divorcios, la viudez, la vejez… 

Espero que estas palabras les hayan parecido interesantes…

Dra. Sandra Niesvizky
gradivas@hotmail.com
Dra. en Psicología Clínica. Coach de vida y Coach ejecutivo.

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